Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007.
13/04/2007
LA INCORPORACIÓN DE LAS MUJERES A LAS SOCIEDADES CIENTÍFICAS
La ciencia oficial se desarrolló en Europa a partir del siglo XVII en torno a las Academias Científicas, primer paso en las institucionalización de la ciencia, en las que se impidió expresamente la participación de las mujeres: la Real Sociedad de Londres, creada en 1662, no admitió a ninguna mujer como miembro de pleno derecho hasta 1945; la Academia de Ciencias de París, nacida en 1666, vetó la entrada a Emilie de Châtelet y a Marie Curie (1911), y admitió una mujer por primera vez en 1962; la Academia Sueca de Ciencias no admitió en 1885 a Sofia Kovalevskaia, aun siendo ya profesora de la Universidad de Estocolmo; en la Academia de Ciencias de Berlín, fundada en 1700, las primeras mujeres admitidas fueron Lise Meitner en 1949 e Irène Joliot-Curie en 1950. Fueron las Academias de Ciencias de EEUU las primeras en admitir la entrada de mujeres, aunque sólo a partir de 1925. En la Academia de Ciencias Española, la primera mujer que entró fue Margarita Salas, en 1988.
En España, el primer caso en la creación de Academias lo encontramos durante la Ilustración en las "Sociedades Económicas de Amigos del País", creadas a finales del XVIII por el monarca Carlos III. Estas Sociedades suponían la institucionalización de los "salones" de los aristócratas, pero, a diferencia de éstos, en los que las mujeres aristócratas participaron activamente, las Sociedades Económicas recién creadas no permitieron el acceso a las mujeres. Josefa Amar y Borbón se preguntaba "cómo una Sociedad cuyo nombre es de «Amigos del País» puede excluir de su seno a toda una parte del país, la más numerosa, que son las mujeres". El debate establecido en la alta sociedad sobre la conveniencia o no de la entrada de las mujeres en las sociedades tenía para ella una sola causa: "Los hombres en esta discusión llevan ventaja, pues son ellos los que se han erigido a sí mismos en jueces del litigio, al tomar en sus manos la decisión de admitir o no a las damas".
En el siglo XIX comenzó un proceso de institucionalización y profesionalización de la ciencia que supuso, entre otras cosas, la formación de nuevas barreras para la dedicación científica de las mujeres. El proceso de profesionalización llevaba consigo la necesidad de obtener los títulos académicos necesarios para participar en las instituciones científicas, algo imposible para las mujeres puesto que no tenían acceso a la enseñanza superior. La participación en las sociedades científicas fundadas a lo largo del siglo XIX estuvo de esta manera vedada a las mujeres, aunque con algunas diferencias en función del tipo de sociedades y de los países. Por ejemplo, las Asociaciones para el Progreso de las Ciencias nacieron con vocación interdisciplinar, y estaban abiertas al público aficionado, y su máximo exponente de actividad residía en la organización de congresos científicos y en la publicación de sus actas. Sin embargo, la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, constituida en 1848, con pretensiones profesionales mucho más estrictas, tardó 140 años en admitir por primera vez a una mujer como socia.
En España, dada la precariedad del desarrollo científico y de la enseñanza de las ciencias en el siglo XIX, no había realmente grandes posibilidades de competencia femenina en cuanto a la dedicación profesional a la ciencia. En una sociedad en que incluso la enseñanza primaria de las mujeres estaba más enfocada a las tareas "propias de su sexo" que a la formación intelectual, la demanda posible de mujeres que pudieran entrar en las universidades y en las sociedades científicas era realmente escasa, aun sin existir barreras legales para su acceso. Sólo en el campo de la medicina se conoce un momento en que existiera debate, y fue en relación con las primeras doctoras en Medicina españolas: Dolores Aleu y Riera, que fue admitida en 1882 por la Sociedad Francesa de Higiene (aun antes de obtener el doctorado), y Martina Castells, a la que fue negado el acceso a la Sociedad Ginecológica Española en 1891.
En el caso de la Sociedad Española de Historia Natural (SEHN), que no estaba ligada a un ejercicio profesional concreto, fueron admitidas en su inicio (1871) tres mujeres como socias fundadoras (las aristócratas Duquesa de Mandas, Marquesa de Casa Loring y Condesa de Oñate); su inclusión no significa sin embargo que tuvieran una dedicación científica, ya que esta categoría se podía adquirir mediante el pago de una cuota especial. Entre 1871 y 1936 hubo un total de 72 mujeres socias de la SEHN; en 1914 representaban el 2% del total de socios, y en 1934 el 4%. De las 72 socias existentes en este periodo, 3 trabajaron en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, 1 en el Jardín Botánico, 1 en el Instituto Español de Oceanografía, 15 eran alumnas de Ciencias Naturales y 15 licenciadas en esta especialidad, de forma que el 38% (30) de las mujeres socias de la RSEHN estaban ligadas, como alumnas o licenciadas, a la Sección de Ciencias Naturales de la Universidad Central, y el 7% (5) trabajaban en el Museo y otras instituciones relacionadas con la Biología, es decir, se dedicaban profesionalmente a las ciencias naturales.
Bibliografía
Magallón Portolés, Carmen. Pioneras españolas en las ciencias. Las mujeres del Instituto Nacional de Física y Química. Madrid: C.S.I.C.; 1998.
Van den Eynde, Ángeles. Género y ciencia, ¿términos contradictorios? Un análisis sobre la contribución de las mujeres al desarrollo científico. Revista Iberoamericana De Educación. 1994; (nº 6):79-102.
Salas, G. y Sánchez-Guerrero, M. (1990), p. 13 (texto de Doña Josefa Amar y Borbón, aristócrata aragonesa, en torno a 1780).
Ausejo, Elena. La Academia de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales de Zaragoza (1916-1936). Cuadernos de Historia de la Ciencia. 1987; 4.
CONGRESO INTERNACIONAL AUDEM
en Tarragona los días 5, 6 y 7 de noviembre. Organizado por el Grupo de Investigación GREC (Género, Raza, Etnia y Cultura) de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, y particularmente de la Dra. Monserrat Palau
IX PREMIO DE INVESTIGACIÓN FEMINISTA CONCEPCIÓN GIMENO DE FLAQUER
El IX Premio de investigación feminista Concepción Gimeno de Flaquer de la Universidad de Zaragoza, convocado por el Seminario Interdisciplinar de Estudios de la Mujer en 2006, ha recaído en:María Villellas Ariño, por su trabajo titulado: Hallar nuevas palabras, crear nuevos métodos. La participación de las mujeres en los procesos de paz.
María Villellas Ariño (Teruel) es Licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad Autónoma de Barcelona en la especialidad de Relaciones Internacionales, y Diplomada en Cultura de Paz por la misma universidad.
Desde al año 2002 trabaja como investigadora en la Escuela de Cultura de Paz en la Universidad Autónoma de Barcelona haciendo seguimiento y análisis de los conflictos armados y los procesos de paz en la región de Asia Meridional, así como de la dimensión de género en la construcción de paz, especialmente en el ámbito de los procesos y las negociaciones de paz.
Es co-autora de los informes Alerta! Informe sobre Conflictos, Derechos Humanos y Construcción de Paz en las ediciones de 2003, 2004, 2005 y 2006, elaborados por la Escuela de Cultura de Paz y publicados por Icaria Editorial.
Ha llevado a cabo investigaciones sobre el terreno en Haití y Sri Lanka sobre los conflictos armados y procesos de pacificación de estos países, con un especial énfasis en las contribuciones efectuadas por las mujeres.
Es profesora en la Diplomatura de Cultura de Paz impartida por la Escuela de Cultura de Paz, en el Máster online sobre Estudios de Género: Mujeres, desarrollo y culturas.
El trabajo premiado está disponible en la dirección:
http://www.wzar.unizar.es/siem/premio.html
BARBARA McCLINTOCK (1902-1992)
Genetista norteamericana, Premio Nobel en Medicina y Fisiología en 1983 por su descubrimiento de los "transposomas" o "genes saltadores", genes que pueden cambiar de lugar dentro de los cromosomas. En la conferencia que dio al recibir el Premio Nobel ("The Significance of Responses of the Genome to Challenge"), McClintock explicó cómo las células pueden responder a la presión ambiental a la que se ven sometidos los organismos vivos mediante una reestructuración de su genoma; estos mecanismos explicarían la formación de nuevas especies, y serían la base de los cambios evolutivos. McClintock realizó sus estudios genéticos fundamentalmente con maíz, realizando numerosas hibridaciones entre diferentes variedades, lo que le permitió asimismo describir la historia evolutiva y origen de esta planta.
Barbara McClintock estudió en la Cornell University en Ithaca (NY) en la década de 1920, terminando su doctorado en 1927. En el departamento de genética de esta universidad, dirigido por R. A. Emerson y el citólogo L. W. Sharps, hubo numerosos estudiantes que llegaron a ser genetistas distinguidos, como George Beadle, Marcus Rhoades y la misma Barbara McClintock. Mientras realizaba su tesis doctoral trabajó como Instructora de Botánica en la misma universidad. Cuando T. H. Morgan visitó la Cornell en 1931, se quedó tan impresionado con los descubrimientos de McClintock que le insistió para que los publicara cuanto antes: en ellos se probaba que el intercambio cromosómico de material genético producía nuevas variedades de maíz. Poco después de que su trabajo fuera publicado, el genetista alemán Curt Stern publicó descubrimientos similares en las moscas de la fruta (Drosophila). Marcus Rhoades, que presentó en 1933 la tesis doctoral, realizada bajo la dirección de T. H. Morgan, sobre la esterilidad masculina en el maíz híbrido, se unió al proyecto de McClintock de elaborar el mapa genético de la planta de maíz. En 1935 Rhoades pasó a ser investigador de genética en Iowa y participó en el establecimiento del "Iowa Corn Field Test"; su trabajo estuvo en relación con el de Barbara McClintock.
En 1936, McClintock era profesora asistente en el departamento de botánica de la Universidad de Missouri y vicepresidenta de la Sociedad Americana de Genética. En 1941 dejó la Universidad de Missouri y se unió al grupo de genetistas de Cold Spring Harbor, donde obtuvo el apoyo financiero permanente de la Carnegie Institution de Washington. Fue en Cold Spring Harbor donde hizo su descubrimiento de la transposición genética, las partes móviles de los cromosomas que más tarde se llamarían "transposomas" o "genes saltadores". Trabajando con plantas de maíz, más complejas, McClintock había identificado estos elementos genéticos veinte años antes que los biólogos moleculares que estaban trabajando con formas de vida mucho más simples. Los científicos que habían sido escépticos con sus descubrimientos tuvieron ahora que admitir que el dogma central del ADN (es decir, ADN ® ARN ® proteínas) ya no estaba fijado inmutablemente. Además podían ver que su propia investigación confirmaba los hallazgos de ella sobre la existencia de elementos genéticos transponibles. El genetista James Shapiro resumió acertadamente la resistencia a veces agria que McClintock había encontrado:
"Los elementos transponibles son un ejemplo de cómo las nuevas ideas son aceptadas fríamente por la comunidad científica. Si ella dice que algo ha ocurrido, ella lo ha visto en docenas y cientos de casos. Una razón de que la gente no lea sus papeles es porque la documentación es enormemente densa. Así pues, primero dijeron que estaba loca; después dijeron que ello era peculiar del maíz; luego dijeron que se daba en todas partes pero no tenía significado; y entonces, finalmente, se dieron cuenta de su significado."
En el último cuarto de su vida, McClintock fue honrada con muchas medallas y títulos honorarios en reconocimiento por la gran importancia de su trabajo. Entre estos títulos se encuentran los de las universidades de Harvard y Rockefeller, la beca indefinida MacArthur Laureate Award, el Lasker Award de Investigación Médica Básica y el Wolf Foundation Awar.
Bibliografía:
McGrayne, Sharon Bertsch. Nobel Prize Women in Science. Carol Publishing Group; 1993.
Keller, Evelyn Fox. A Feeling for the Organism. New York: W. H. Freeman and Company; 1983.
Sapp, Jan. Beyond the Gene. Cytoplasmic Inheritance and the Struggle for Authority in Genetics. Oxford; 1987.
CLOTILDE Y BLANCA CATALÁN DE OCÓN (Teruel, siglo XIX)

Nacidas en Valdecabriel (Teruel) a mediados del XIX, eran personas muy cultas que colaboraron en sus trabajos de historia natural con el presbítero naturalista Bernardo Zapater y Marconell (1823-1907), socio fundador de la Sociedad Española de Historia Natural de Madrid y de la Sociedad Aragonesa de Ciencias Naturales, que se dedicó particularmente a la entomología y la botánica en la zona de Albarracín (Teruel).
Clotilde Catalán se dedicó con Zapater a cazar y coleccionar insectos, y llegó a poseer una estimable colección de mariposas, cuyo catálogo publicó Zapater en la revista que fundó y dirigió Domingo Gascón, Miscelánea Turolense.
Blanca Catalán emprendió el estudio de las plantas bajo la dirección de Zapater y llegó a ser consumada botánica, que se carteaba y remitía plantas a varios eminentes naturalistas, como Francisco Loscos (1823-1886), Carlos Pau y M. Willkomm (Austria 1821-República Checa 1895). Pau le dedicó la especie Linaria Blanca (ver foto), mientras Willkomm le dedicó una planta que ella había descubierto en Valdecabriel, Saxifraga Blanca, y la hizo figurar con todos los honores en su obra Ilustrationes Florae Hispaniae insularumque Balearium, impresa en Stutgart en 1881-1885.
Bibliografía:
Fernández Galiano, D. Los botánicos turolenses (1986)
Martínez Tejero, V. Los Botánicos Aragoneses (1998)
