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La página web "Mujeres de Ciencias" está disponible en la siguiente dirección:

http://www.catedu.es/MujeresDeCiencias/

En las distintas pestañas del menú se puede acceder a las secciones:

- Biografías (mujeres en Biología y mujeres en Física y Química)

- Imágenes (fotografías, dibujos, manuscritos)

- documentos de Filosofía de la ciencia

- documentos de Historia de la ciencia

- Instituciones y redes

- Estatus actual

- Publicaciones del grupo de investigación GENCIANA

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Pedimos disculpas por la falta de actualización de este blog. Desde hace unos meses estamos trabajando para ofrecer en forma de website la información que aquí se proporciona (y bastante más). Aquí mismo proporcionaremos la dirección en cuanto esté preparada para colgarla. Saludos a todas las personas que habéis visitado el blog, y esperamos que os guste la website.

Elizabeth Helen Blackburn (1948 - )

Elizabeth Helen Blackburn (1948 - )

Elizabeth Helen Blackburn fue la primera persona en estudiar los "telómeros", extremos de los cromosomas de las células eucariotas que son necesarios tanto para el control de la división celular como para mantener la integridad y estabilidad de los cromosomas. Durante su estudio de los telómeros, Elizabeth Blackburn descubrió la "telomerasa", enzima que forma los telómeros durante la duplicación del ADN. La enzima telomerasa está relacionada con el reloj biológico que controla la edad de las células: la escasez de telomerasa hace que en cada división celular los telómeros se acorten, de manera que transcurrido un cierto número de divisiones las células se vuelven incapaces de dividirse y mueren. Normalmente las células van dejando de fabricar telomerasa con la edad. Sin embargo, las células cancerosas fabrican mayor cantidad de telomerasa, por lo que estas células viven más tiempo y son capaces de dividirse más (formación de tumores). La telomerasa descubierta por Elizabeth Blackburn tiene por tanto relación con los procesos de envejecimiento celular y también con el cáncer, dos hechos importantes para la biología básica y la medicina. El descubrimiento de Blackburn puede permitir encontrar sustancias capaces de inhibir la acción de la telomerasa, que ayudarían en el tratamiento contra el cáncer, así como en la erradicación de las infecciones fúngicas que tienen lugar en pacientes inmunodeprimidos.

Nacida en Hobart (Tasmania) hija de una pareja de médicos, Elizabeth Blackburn estudió Bioquímica en la universidad de Melbourne (Australia), y en  1975 obtuvo su doctorado en Biología Molecular por la universidad de Cambridge (Inglaterra); su tesis doctoral trató de la secuenciación de ácidos nucleicos. Entre 1975 y 1977 trabajó en la universidad de Yale gracias a una beca postdoctoral; allí comenzó a estudiar la estructura de los telómeros junto con John Gall. Desde 1977 trabajó en la universidad de California en Berkeley, donde estudió con Jack W. Szostak el comportamiento de los telómeros en diversos organismos. En 1984, Elizabeth Blackburn y Carol W. Greider descubrieron la enzima telomerasa, y en 1985 consiguieron aislarla y comenzaron a crear telómeros artificiales para estudiar el control de la división celular. En 1986 Blackburn consiguió en esta universidad una plaza como profesora y directora de laboratorio. Después de 13 años en la universidad de California de Berkeley, en 1990 se trasladó a la de San Francisco, donde ha trabajado en dos departamentos: bioquímica-biofísica y microbiología-inmunología. En 1993 fue nombrada directora del departamento de Microbiología e Inmunología, siendo la primera mujer en tener un puesto semejante en la universidad de California. Actualmente es profesora del departamento de Bioquímica y Biofísica y jefa del Laboratorio Blackburn, líder mundial en la manipulación de la actividad de la telomerasa en las células.

Elizabeth Blackburn es presidenta de la Sociedad Americana de Biología Celular, y pertenece asimismo al Instituto de Medicina norteamericano y a la Royal Society de Londres. Entre los muchos premios que ha recibido se encuentra el Premio Eli Lilly de Microbiología (1988), el premio de la Academia de Ciencias norteamericana en Biología Molecular (1990), el de la Fundación Gairdner (1998), el Premio Australia, la Medalla de Honor de la Sociedad Americana contra el Cáncer, el premio Alfred P. Sloan de la Fundación General Motors de Investigación contra el Cáncer (2001), el 26° premio anual Bristol-Meyers Squibb de investigación contra el cáncer, y el premio Dr. A. H. Heineken de Medicina. En 1999 fue nombrada "Científica del Año" en California, y en 2005 obtuvo la Medalla Benjamin Franklin en Ciencias de la vida. En 2006 recibió, junto con John Gall, Jack W. Szostak y Carol Greider, el premio Lasker de Investigación Médica Básica, uno de los premios científicos más prestigiosos. En 2007, también junto a Gall y Greider, ha recibido el premio Louisa Gross Horwitz, otorgado anualmente por la universidad de Columbia por descubrimientos en Bioquímica o Biología básica.

Durante su estancia en Inglaterra, Elizabeth Blackburn conoció al quien sería su marido, John Sedat, que también estudiaba biología molecular en Cambridge y es actualmente es profesor de bioquímica y biofísica en la universidad de California en San Francisco. Casados en 1975, tuvieron a su único hijo, Benjamin, en 1986, el mismo año en que Elizabeth era nombrada catedrática en la universidad de Berkeley. Blackburn ha escrito diversos artículos en relación con la maternidad, en los que ha defendido la importancia de dedicar suficiente tiempo al cuidado de los hijos o hijas. En "Balancing Family and Career: One Way That Worked", Blackburn declara que toda mujer tiene derecho a elegir una carrera sin miedo a ser discriminada por su posible maternidad: "No tiene sentido que la carrera profesional esté cerrada a una mujer a causa de una situación temporal".

Bibligrafía

Diego Lopes de Oliveira. 12 Científicas del Siglo XX. Elizabeth Helen Blackburn: el camino al telómero. El País - Salud, p. 7, 12 enero 2008.

http://www.californiasciencecenter.org/GenInfo/NewsAndEvents/SpecialPrograms/ScientistOfTheYear/PastSotY/Bios/Blackburn.php

http://www.bookrags.com/biography/elizabeth-helen-blackburn/

 

MARGARITA ASTRÁLAGA

MARGARITA ASTRÁLAGA

 

Bióloga de nacionalidad colombiana, especialista en Desarrollo Regional y Gestión Ambiental. Ha trabajado en el marco del Programa Océanos y Zonas Costeras del PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente basado en Nairobi, Kenia), en la Convención CITES (Comercio Internacional de Especies de Fauna y Flora Amenazadas), y en la Secretaría de la Convención de RAMSAR (Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas), ocupando el cargo de Consejera regional para las Américas y Responsable temática para las zonas costeras y los océanos.

 

Desde diciembre de 2006 es Directora del Centro de Cooperación del Mediterráneo de la UICN (Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza) situado en Málaga. Entre las prioridades del programa 2009-2012, destaca el programa específico de África norte por sus características especiales, en relación con la agricultura y el importante papel de los humedales de Mauritania y Marruecos como puntos clave para guardar la fauna.

El pasado mes de Agosto Margarita Astrálaga participó en el curso "Geopolítica del Agua" de la Universidad Internacional de Andalucía, con la conferencia "El agua en el Mediterráneo", en la que destacó dos de los principales problemas actuales en relación con el agua: la cantidad de agua que se pierde en los cultivos de regadío en los países mediterráneos (entre el 25 y el 85 por ciento del agua utilizada, unas pérdidas similares a las de los países en vías de desarrollo), y el elevado volumen de agua dedicado a un desarrollo turístico insostenible. Los problemas hídricos se agravarán debido al cambio climático, pues el calentamiento global hará consumir mucha más agua. Margarita Astrálaga defiende un uso sostenible del agua, que debe ser valorada como un bien fundamental que debe ser protegido para las próximas generaciones.

 

Entrevistas y noticias relacionadas con Margarita Astrálaga:

http://www.iucn.org/places/medoffice/noticias/12_med_es.htm

http://www.huelvainformacion.es/143199_ESN_HTML.htm

http://www.bg.profes.net/

ACERCA DE NETTIE MARIA STEVENS

ACERCA DE NETTIE MARIA STEVENS

 

            A menudo me he preguntado por qué tardo tanto en publicar en este blog la biografía de Nettie Maria Stevens: la primera que investigué, la más querida, la que me sirvió de referencia y consuelo mientras realizaba una tesis que empecé con 38 años - bueno, me decía, ella terminó la suya con 42 (al final la presenté con 44, no conseguí alcanzarla, pero casi). Seguramente esa es la razón, que la historia de la historia de esta mujer tiene más que ver conmigo que otras historias.

            Por eso no puedo arriesgarme a contarla mal, y me resulta difícil hacerlo en pocas líneas. Hasta ahora, ninguno de mis intentos me ha llevado a un texto con el que me quede conforme. La escribí, más extensa, para el libro "El descubrimiento de los cromosomas sexuales": allí pueden encontrarla entre las páginas 228 y 260, así como las referencias de publicaciones anteriores sobre ella, en las que basé mi trabajo. Pero también allí dejé mucho sin decir. Y eso que, si miran el índice onomástico, encontrarán que su nombre aparece en numerosas ocasiones a lo largo de todo el libro. En realidad, todo el libro tiene que ver con ella. Su foto debería encontrarse en la portada, como deseé y propuse, y si no está allí es por razones técnicas (no conseguí una copia con suficiente resolución); la foto la encontrarán, eso sí, en el apéndice gráfico.

            No me convence ningún resumen de la biografía de Nettie Maria Stevens porque no sería justo contarla sin explicar la importancia de su trabajo científico, sin contrastar las ideas científicas sobre la determinación del sexo antes y después del descubrimiento de los cromosomas sexuales, sin hacer algunas consideraciones sobre el nacimiento de la genética cromosómica y el Premio Nobel a Thomas Hunt Morgan. Ni tampoco puede valorarse sin conocer el contexto de las mujeres que estudiaron y trabajaron en las ciencias del siglo XIX, y de las redes de apoyo con las que consiguieron que otras mujeres estudiaran en universidades de todo el mundo. De la misma manera que el trabajo científico de Stevens se encuentra en el corazón mismo de la revolución de la biología y el nacimiento de la genética, la historia de esta científica forma parte de una de las épocas más ricas en la historia de las mujeres científicas.

            Con una foto de Stevens y una referencia a su apellido comencé este blog hace poco más de un año. El nacimiento de este blog tiene también que ver con esta historia de un nombre que se aprende, como tantos, en las asignaturas de ciencias, y que, como tantos, imaginamos con caracteres masculinos. Con la revolución personal y política que implica asociar el sexo femenino a un nombre conocido en las ciencias. Con el cambio de imagen de la ciencia que se produce al introducir la imagen de un rostro como el de Stevens. Esto quise explicar hace unos años en un congreso de AEIHM (Asociación Española de Investigación Histórica de las Mujeres). Mientras sigo intentando resumir en pocos párrafos la biografía de mi científica preferida, les dejo con parte del texto de la ponencia que presenté entonces (y que no se publicó).

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LAS BIOGRAFÍAS de las CIENTÍFICAS

LAS BIOGRAFÍAS de las CIENTÍFICAS

En la historia de la ciencia de más amplia transmisión, las biografías se presentan estrechamente ligadas a la cuestión de la autoría y la "prioridad de descubrimiento", aspecto que les da una relevancia particular. La propia transmisión de las ciencias se encarga de resaltar los nombres, la labor realizada y el conjunto de circunstancias que rodearon la vida de los científicos que hicieron planteamientos o descubrimientos interesantes. Sus nombres y algunos otros datos permanecen ligados a leyes, principios y teorías que constituyen contenidos obligados en el aprendizaje y enseñanza de las ciencias. Sin entrar a discutir cuál pueda ser el valor pedagógico de tales datos, podemos asumir que forman parte de nuestra cultura general y de nuestra formación científica, y que están presentes, por tanto, en nuestra forma cultural y personal de concebir el mundo.

Para muchas personas que se acercan a las ciencias, las biografías producen un efecto de empatía, de acercamiento entre quienes estudian un tema y quienes lo estudiaron con anterioridad. De esta misma empatía nace a veces la investigación biográfica. La pasión compartida por el objeto de estudio nos pone en relación con personas distantes en el tiempo, que se hacen entonces cercanas y necesarias. Mas teniendo sólo a mano la historia oficial que la ciencia transmite, la posibilidad de compartir nuestra pasión está bastante limitada, casi exclusivamente, a personas de sexo masculino. Los nombres y biografías de las mujeres científicas no aparecen con demasiada frecuencia, no en la medida de su existencia y aportaciones. Esto, sin que sea novedad decirlo, es una novedad para cada generación de estudiantes de ciencias. Así, durante el proceso de formación científica se transmite una potente imagen de masculinidad, dominante cuando no exclusiva. Una imagen que es percibida con claridad por las niñas y niños y a la que progresivamente se acostumbran las jóvenes, siendo así un importante elemento pedagógico para mantener las condiciones de dominancia masculina.

La imagen de masculinidad que la historia nos proporciona de la ciencia es una fuerza poderosa para su  autoperpetuación. Milagros Rivera (1998) alude a esta imagen en el prólogo al libro "Autoridad científica, autoridad femenina" con las siguientes palabras: "El mundo de la ciencia moderna y contemporánea, el mundo que nace con el Humanismo y el Renacimiento, ha sido descrito en nuestra época como un mundo sin mujeres". La imagen que la historia de la ciencia nos viene proporcionando es bastante parecida a la de una fotografía o un listado de un cuartel de soldados. Podemos percibir su impacto de una forma visual utilizando algunas fotografías de los núcleos de investigación de los dos últimos siglos reproducidas en publicaciones de historia de la ciencia. En ellas veremos generalmente grupos de caballeros entre los que a veces se incluyen, en distinta posición y número según lugares y épocas, unas pocas señoras.

Tomemos como ejemplo una fotografía tomada en el  Marine Biological Laboratory (MBL), un laboratorio norteamericano fundado en 1888 donde se enseñaban y practicaban novedosas técnicas de embriología y citología. Fue tomada en 1930, y en ella aparecen, entre otros, T. H. Morgan (1866-1945), considerado "padre" de la genética cromosómica, y Antonio de Zulueta (1885-1971), uno de los principales científicos republicanos españoles. La fotografía aparece reproducida en una artículo biográfico sobre Antonio de Zulueta escrito por su discípulo Fernando Galán, y el pie de foto reza: "El Prof. Antonio de Zulueta en 1930 durante su permanencia en el Laboratorio del Prof. Morgan (...)". La fotografía representa un núcleo exclusivamente masculino de investigadores en un laboratorio dirigido por un eminente científico norteamericano, y encaja a la perfección en la imagen mental que nuestra formación científica nos ha sugerido de la ciencia.

Existen sin embargo otras imágenes posibles del mismo laboratorio. La segunda fotografía fue tomada en 1897, es decir, más de treinta años antes, y en ella aparece Gertrude Stein (1874-1946), que investigó sobre el Sistema Nervioso, formando parte de un grupo de 6 mujeres y 17 hombres. Esta fotografía se encuentra reproducida en la página histórica de la website del MBL actual, en la que podemos leer: "Fundado en 1888, el Marine Biological Laboratory (MBL) de Woods Hole, Massachusetts, fue extraordinario para su tiempo por defender la presencia de mujeres estudiantes de ciencias en igualdad de condiciones con los hombres. En los primeros años, aproximadamente un tercio de las clases de estudios científicos avanzados estaba constituido por mujeres procedentes de muchas zonas del país. Tanto individualmente como formando grupos sociales y educativos, las mujeres fueron esenciales para conseguir aproximadamente la mitad de los fondos requeridos para el establecimiento del MBL". Parece ser, pues, que el MBL era algo más que "el Laboratorio del Prof. Morgan", y que la fotografía anómala para este laboratorio era la tomada durante la visita de Zulueta, ya que en ella quedó excluido ese tercio del personal del laboratorio constituido por mujeres.

Dejando a un lado otras razones que justifican en cada caso la selección de unas u otras fotografías (y, en general, cualquier tipo de imágenes, incluidas las narrativas), no hay duda de que la mirada histórica de quien las selecciona es en cada caso diferente, como diferentes son las ideas que transmiten. Unas ideas que cuando no entran en confrontación con la imagen dominante de la ciencia masculina no requieren explicación, y que sí parecen necesitarla cuando reflejan la presencia de mujeres en la investigación científica "normal". Unas ideas que actúan sobre quien se acerca a la ciencia, ya sea en su proceso de formación, de participación o de estudio histórico, configurando su propia imagen sobre la ciencia.

Numerosas historiadoras y filósofas de la ciencia han descrito ya con precisión los mecanismos de cancelación que la ciencia y su historia utilizan -con gran éxito- para hacer invisibles a las mujeres. Las distintas aportaciones, con perspectivas diversas, constituyen hoy un cuerpo de conocimiento importante, que nos permite saber que no son los nuestros los primeros intentos de estudiar o recordar a mujeres científicas, así como no son las de ahora las primeras jóvenes en intentar una carrera científica. Y también que, tanto las historiadoras de la ciencia como las científicas, seguimos necesitando reconocer una genealogía de mujeres que desarrollaron actividades científicas.

Se acusa a veces a quienes reconstruyen las biografías de las científicas de una exaltación de sus aportaciones, aduciendo que esta reconstrucción no está justificada, en la mayoría de los casos, por unas contribuciones "exitosas", es decir, refrendadas y laureadas por la comunidad científica. Hay en estas acusaciones cierta perversión, pues es obvio que no pueden encontrarse refrendo y laureles de la comunidad científica donde se ha decidido que no los haya. La exclusión explícita e implícita de las mujeres de las Academias y Sociedades científicas, de las plazas docentes o investigadoras de la universidad, de las convocatorias de premios, etc., da cuenta por sí misma de que los referentes utilizados para medir la importancia de los descubrimientos presentan un sesgo difícil de ocultar. Tenemos que decir, además, que utilizando otros referentes internos de la comunidad científica -pues como es sabido, los referentes externos no tienen cabida en esta comunidad- encontramos criterios según los cuales queda demostrada la excelencia de muchas científicas, así como abundantes casos en los que ha sido necesaria la exclusión explícita para que permanecieran ignoradas. Estos referentes pueden ser los expedientes académicos brillantes, las plazas obtenidas por concurso-oposición, las primeras publicaciones de observaciones o descubrimientos, o la trascendencia social de los resultados de la investigación -criterios utilizados a menudo para justificar la selección de otros sujetos tomados como objeto de investigación histórica. Utilizando estos criterios, la historia "normal" de la ciencia tendría que incluir un buen número de nombres femeninos que hasta ahora no aparecen. La historia de la ciencia sigue incompleta, por los mismos motivos que la ciencia lo está.

La recuperación de los nombres, la labor realizada y el conjunto de circunstancias que rodearon la vida de aquellas mujeres que hicieron planteamientos o descubrimientos científicos tendría la misma justificación que todas las biografías científicas, y debería encontrar un sitio en la historia normal de la ciencia. Pero, además, la experiencia de aquellas que se han dedicado al quehacer científico importa, particularmente, a las mujeres que desean dedicarse al quehacer científico. Para nuestras científicas y para las del futuro -pues, a pesar de todo, las habrá-, las biografías de las científicas contribuyen a combatir el sentimiento de ajenidad y de orfandad que a menudo experimentan. Y más aún: conocer la competencia científica de ciertas mujeres del pasado, reconocer autoridad científica en una mujer, produce un efecto de autorización de una misma en cuanto a la propia competencia científica. Produce un cambio en el referente de autoridad. Como escribió Montserrat Cabré en "Mujeres científicas e historias científicas" (1996): la historia puede ser "una mediación necesaria para dotarse de autoridad reconociéndosela a otras".

Referencias:

Hipatia. Autoridad científica, autoridad femenina. Madrid: horas y Horas; 1998 (título original: Autorità scientifica autorità femminile. Traducción de Laura Trabal Svaluto-Ferro, presentación y revisión de María-Milagros Rivera Garretas).

Cabré i Pairet, M.(1996). Mujeres científicas e historias "científicas". Una aproximación. En: Ortiz Gómez, T., Becerra Conde, G. (eds.). Mujeres de ciencias. Mujer, feminismo y ciencias naturales, experimentales y tecnológicas. Granada: Universidad de Granada; 1996, p. 31.

Tuneko Okazaki (1933 - )

Tuneko Okazaki (1933 - )

Para quienes han estudiado alguna vez el proceso de duplicación del ADN, quizás sea una sorpresa encontrar un rostro de mujer asociado al nombre de Okazaki.

Esta bióloga molecular fue la descubridora de los llamados "fragmentos de Okazaki" (cadenas cortas que se forman durante la duplicación del ADN en la llamada "duplicación discontinua") en los estudios que realizó junto a su marido Reiji Okazaki en 1968.

Tuneko Okazaki fue la primera mujer profesora en la universidad japonesa de Nagoya, y actualmente es profesora en el Instituto Médico de la universidad Fujita. En el año 2000 recibió el premio L'Oreal-Unesco "For Women in Science", unos premios que se conceden anualmente a cinco científicas distinguidas, una por cada continente. Sobre estos premios, consultar: http://www.loreal.com/_en/_ww/index.aspx?direct1=00008&direct2=00008/00001

Una lista con las principales publicaciones de Tuneko Okazaki se encuentra en: http://en.scientificcommons.org/tuneko_okazaki

Más datos biográficos sobre esta investigadora (en japonés) y algunas fotos pueden consultarse en: http://www.brh.co.jp/s_library/j_site/scientistweb/no32/index.html

Frieda Cobb [Blanchard] (1889-1977)

Frieda Cobb [Blanchard] (1889-1977)

Frieda Cobb fue una de las primeras genetistas norteamericanas. Realizó investigaciones sobre herencia mendeliana y mutaciones en plantas y reptiles entre 1916 y 1956, un momento en que se establecían las bases de la genética cromosómica. Además de realizar y publicar sus propias investigaciones, fue la principal ayudante y colaboradora de tres científicos relevantes: Nathan Cobb (su padre), Harley Bartlett (su director en la universidad de Michigan) y Frank Blanchard (su marido). Otro de los éxitos más relevantes de esta excepcional científica fue el de combinar su trabajo con el cuidado de sus tres hijos, que tenían 8, 10 y 12 años cuando se quedó viuda; los tres realizarían también estudios en biología y geología.

            Hija de Nathan August Cobb, naturalista norteamericano, y Alice Vara Proctor, profesora antes de su matrimonio, ambos de Massachusetts, Frieda Cobb nació en Australia el mismo año en que se instalaron allí sus padres y sus tres hermanas mayores. Su vida familiar giraba alrededor de las investigaciones científicas que realizaba su padre, ayudado por su mujer y a menudo por sus hijas, en los campos de patología vegetal y sistemática de los gusanos nematodos. Cuando Frieda tenía 15 años, su padre decidió volver a los Estados Unidos; el primer año lo pasaron en Hawai, donde Frieda ayudó a su padre en el laboratorio donde estudiaba las enfermedades de la caña de azúcar, y a continuación se trasladaron a Washington. En 1909 Frieda comenzó sus estudios universitarios de botánica y zoología en el Radcliffe College, pero los interrumpió entre 1912 y 1915 para ayudar a su padre en el estudio de los nematodos marinos. En 1915 entró en la universidad de Illinois, terminando en un año su licenciatura en ciencias, y durante el verano de 1916 realizó investigaciones sobre nematodos marinos en el Laboratorio de Biología Marina de Woods Hole (Massachusetts).

            La carrera profesional de Frieda Cobb comenzó en 1916, cuando Harley Harris Bartlett, pionero en genética vegetal, pidió que una de las hijas de los Cobb fuera a trabajar con él para montar un jardín botánico en Ann Arbor (Michigan). Bartlett era profesor asistente de botánica en la Universidad de Michigan, y bajo su dirección realizaría Frieda Cobb su doctorado. Desde entonces y hasta su retiro en 1956, Ann Arbor fue el lugar donde Frieda Cobb llevó a cabo sus investigaciones. En 1918, mientras Bartlett se encontraba viajando por Sumatra, Cobb ejerció como responsable del jardín botánico y de todas las plantaciones de oenotheras. A su regreso, Bartlett asumió el puesto de director del jardín botánico y pidió que Frieda Cobb fuera su "directora asistente"; este sería el puesto que ocuparía durante toda su vida profesional, de un nivel equivalente al de "profesor instructor" norteamericano.

            Cuando Frieda Cobb llegó a Ann Arbor, Bartlett quería realizar cultivos de distintas variedades de Oenothera pratincola para estudios genéticos; esta planta herbácea de la familia de las Onagráceas estaba siendo estudiada por el holandés Hugo De Vries en relación con su teoría de las mutaciones. En octubre de 1916, Bartlett y Cobb plantaron las primeras 1.800 semillas de Oenothera, forzando la germinación de las plantas según el método establecido por De Vries, con quien estaban en contacto; un mes más tarde, Cobb se encargó de clasificar las semillas de la primera generación en más de 200 sobrecitos. Año tras año crecieron las plantaciones de Oenothera, proporcionando el material con el que Cobb realizaría sus investigaciones genéticas más relevantes. En 1917 Cobb y Bartlett presentaron el primer trabajo sobre herencia mendeliana y mutaciones en Oenothera en el encuentro de la Sociedad Botánica de América; desde entonces, ella se encargó principalmente de las oenotheras, mientras Bartlett se ocupaba en otros intereses.

            En su tesis doctoral, publicada en Genetics en 1921, Frieda Cobb demostraba dos cuestiones de gran interés: la existencia de ciertos factores genéticos diferentes en los gametos femeninos y masculinos de estas plantas (a los que llamó α y β, respectivamente), y la existencia de mutaciones que permanecen ocultas por la acción de otros genes. Cobb explicó la "herencia matroclínica" de las mutaciones producidas en el factor α, que producía resultados diferentes a los esperados por segregación mendeliana. Asimismo, demostró que el aumento aparente de mutabilidad en los cruzamientos híbridos, que había observado De Vries, era realmente un aumento en la manifestación de mutaciones que habían ocurrido mucho antes. A pesar de que la investigación con oenotheras era difícil y requería mucho trabajo, Cobb continuó utilizando estas plantas y publicando resultados hasta 1929.

            En 1922 Frieda Cobb contrajo matrimonio con Frank Nelson Blanchard, zoólogo que había llegado a Ann Arbor el mismo año que ella, y con quien había colaborado desde el primer momento. Frank, especialista en herpetología, solía hacer excursiones para recolectar especímenes de reptiles, anfibios e insectos, a las que Frieda solía acompañarle. Ambos se apoyaron mutuamente para terminar sus tesis doctorales, que Frank presentó en 1919 y Frieda en 1920. Tras su matrimonio, ambos continuaron sus investigaciones científicas y su colaboración. Frieda se aficionó tanto a la herpetología que extendió a estos animales su campo de estudio. Con notable talento para el dibujo naturalista y la fotografía, realizó numerosas ilustraciones sobre serpientes, salamandras y otros reptiles que se publicarían en los artículos de su marido. Cuando en 1922 encontraron un raro ejemplar melánico de la serpiente Thamnophis sirtalis, los Blanchard comenzaron a criar estas serpientes en instalaciones especiales que construyeron dentro del jardín botánico. Durante dos décadas realizaron cruzamientos, en los que Frieda demostraría la herencia mendeliana, mientras su marido describiría la historia natural y hábitos de cría de la especie. En 1927 realizaron juntos un viaje a Nueva Zelanda y Australia, donde localizaron raras especies de ranas (Liopelma hamilton, Crinia tasmaniensis) y tuátaras (Sphenodon punctatum); la descripción y fotografías que Frieda realizó de ellas fueron publicadas en el National Geographic. Tras la muerte de Frank en 1937, Frieda proporcionó a otros herpetólogos los datos de algunos de los trabajos que habían comenzado juntos, aunque ella continuó con la cría de las serpientes en el jardín botánico. Tras el primer trabajo que habían presentado juntos en la Sociedad Americana de Ictiología y Herpetología, ella escribió cuatro artículos más sobre la misma serpiente, el último publicado en 1942; en tres de ellos puso el nombre de su marido en primer lugar, a pesar de que ya había fallecido.

 

Publicaciones:

Cobb, Frieda; Bartlett, H. H. On Mendelian inheritance in crosses between mass-mutating and non-mass-mutating strains of Oenothera pratincola. Jour. Washington Acad. Sci. 1919; 9:462-483.

Cobb, Frieda. A Case of Mendelian Inheritance Complicated by Heterogametism and Mutation in Oenothera pratincola. Genetics. 1921 January; 6(1):1-42.

Cobb Blanchard, Frieda. Length of Life in the Tiger Salamander, Ambystoma tigrinum (Green). Copeia. 1932 July; 2: 98-99.

Cobb Blanchard, Frieda. Tuatara. The National Geographic Magazine. 1935; 67:649-662.

Cobb, Frieda; Bartlett, H. H.. Purple Bud Sport on Pale Flowered Lilac (Syringa persica). Botanical Gazette, volume 65, page 560

Blanchard, F. N.; Cobb, F. Factors determining Time of Birth in the Garter Snake Thamnophis sirtalis sirtalis  (Linnaeus). Papers of the Michigan Academy of Science, Arts and Letters. 1940; 26:161-176.

Blanchard, F. N.; Cobb, F. The Inheritance of Melanism in the Garter Snake Thamnophis sirtalis sirtalis  (Linnaeus), and Some Evidence of Effective Autumn Mating. Papers of the Michigan Academy of Science, Arts and Letters. 1940; 26:177-193.

Blanchard, F. N.; Cobb, F. Mating of the Garter Snake Thamnophis sirtalis sirtalis  (Linnaeus). Papers of the Michigan Academy of Science, Arts and Letters. 1941; 27:215-234.

Cobb Blanchard, Frieda. A Test of Fecundity of the Garter Snake Thamnophis sirtalis sirtalis  (Linnaeus) in the Year Following the Year of Insemination. Papers of the Michigan Academy of Science, Arts and Letters. 1942; 28:313-316.

 

Bibliografía:

Sylvia W. McGrath. Unusually Close Companions. Frieda Cobb Blanchard and Frank Nelson Blanchard. En: Helena M. Pycior et al. Creative Couples in the Sciences. New Brunswick: Rutgers University Press, 1996; pp. 156-169

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